10 de octubre – Giuseppe Verdi

Giuseppe Fortunino Francesco Verdi nació en Le Roncole el 10 de octubre de 1813, hijo de Carlo Giuseppe Verdi y Luigia Uttini. La localidad era entonces parte del ducado de Parma que, a su vez, formaba parte de Francia. Allí recibió sus primeras lecciones de música. Continuó sus estudios en Busseto, bajo la tutela de Ferdinando Provesi.

Se convirtió pronto en el organista de la iglesia de su pueblo y, tras establecerse en Milán, intentó entrar en el conservatorio de la ciudad, pero no lo consiguió.

Se puede decir que sus primeros éxitos están relacionados con la situación política que se vivía en Italia. Aparte de su calidad artística, sus óperas servían para exaltar el carácter nacionalista del pueblo italiano. Quizás el Va pensiero, coro de los esclavos de la ópera Nabucco, es uno de los más conocidos de Italia por esta razón.

Gracias a los éxitos conseguidos, Verdi pudo apostar por un estilo más personal en sus óperas y presionar a libretistas y empresarios para que arriesgaran un poco más. Es notable, en este sentido, la forma en que se engendró la ópera Macbeth, con unos arduos, e incluso despóticos, ensayos para lograr que el texto fuera más hablado que cantado. Verdi consiguió su propósito y el éxito de estas óperas fue también notorio.

Siguió un período de dificultades personales, con la muerte de su primera esposa y su hija, que contrastó con la creación de sus óperas más populares y queridas; las ya mencionadas Rigoletto, La Traviata e Il Trovatore.

Muchos consideran que la madurez del compositor se percibe en las obras que siguen a este período; por ejemplo, Don Carlos, que fue compuesta para la Gran Ópera de París; Aida, compuesta para la Ópera de El Cairo; Otello y Falstaff, con libreto de Arrigo Boito basado en Shakespeare. Algunas de estas obras no fueron bien recibidas por el público o los críticos, que las calificaron de demasiado wagnerianas, crítica que el autor siempre rechazó.

En sus últimos años, Verdi trabajó en algunas obras no operísticas. A pesar de no ser particularmente religioso, compuso obras litúrgicas, como la misa de Réquiem (1874) y el Te Deum. También compuso el Himno de las naciones, que incluye las melodías de los himnos italianas, francesas, inglés y norteamericano, sobre texto del poeta Arrigo Boito (1862) y un cuarteto para cuerdas en mi menor (1873).

Falleció en Milán, el 27 de enero de 1901, debido a un derrame cerebral. Dejó su fortuna para el establecimiento de una casa de reposo para músicos jubilados que llevaría su nombre: «Casa Verdi», en Milán, donde está enterrado.

Su entierro causó una gran conmoción popular y al paso del cortejo fúnebre el público entonó espontáneamente el coro de los esclavos de Nabucco: Va pensiero sull’ali dorate. El día de Año Nuevo de 1901, el poeta romano Cesare Pascarella se contó entre sus invitados.

Debido al frío, Verdi permaneció dentro de casa desde más o menos el 3 de enero hasta el 18, cuando escribió a Barberina Strepponi. En su última carta a De Amicis, Verdi le decía que estaba vegetando, no viviendo, y que no sabía qué hacía aún en este mundo.

La mañana del 21 de enero sufrió una embolia, justo después de una visita de su médico. Sentado en el borde de la cama, empezó a temblar mientras se abrochaba el chaleco. Cuando la doncella le hablo, él repuso: <<Un botón más o un botón menos>>, y cayó sobre la cama, inconsciente.

Los gritos de la doncella atrajeron a María, que llamó al médico del hotel mientras esperaban que regresara el de cabecera. Su diagnóstico fue una parálisis del lado derecho de su cuerpo.

El doctor Grocco, que volvió presuroso a Milán desde Florencia para estar con su ilustre paciente, no pudo hacer nada. Aunque los ojos de Verdi no mostraban reacción a la luz, existía cierto movimiento en los brazos y las manos.

Durante varios días, su respiración fue regular, y tenía buen color. Desde que el día que Verdi se puso enfermo, el Grand Hôtel y la ciudad de Milán hicieron tremendos esfuerzos para reducir el bullicio y el tráfico en torno al hotel.

La noticia de la enfermedad de Verdi quedó un tanto ensombrecida por la muerte de la reina Victoria, pero al cabo de un día volvía a ser el centro de atención en la prensa. En la mañana del 26 de enero, nadie pensaba que sobreviviera a ese día.

Se emitieron boletines a las 10.15 y a las 10.30, y más tarde a las 15.45. A las 16.00, los médicos dijeron que ya no se publicarían más boletines. Dos horas después, Verdi dejó de respirar, pero solo unos instantes. Reunidos en el hotel estaban Boito, Giacosa, Stolz, Campanari, María y Peppina Carrara, Alberto Carrara y todos los Ricordi. No se permitió a nadie entrar en el edificio, porque Stolz cerró las puertas con los periodistas dentro. Se bajaron todas las persianas; todas las luces fuera del hotel se apagaron.

A las 11 de la noche, los médicos comunicaron a la familia que Verdi había entrado en un coma irreversible. Verdi falleció a las 2.50 de la madrugada del 27 de enero de 1901. Al cabo de unos minutos, en la calle empezó a reunirse una multitud, que guardo un respetuoso silencio. Al amanecer, las banderas de la ciudad y las de las iglesias presentaban cintas negras en señal de luto.

Durante los tres días siguientes, la mayoría de las tiendas de Milán permanecieron cerradas. La Cámara de los Diputados dedicó la mayor parte del lunes a una conmemoración de su antiguo miembro, que fue descrito como <<una de las mayores expresiones del genio nacional; nuestra gloria más brillante, pura y favorecida>>

Posted by 10 octubre, 2018 Leave a comment Category: Efemérides musicales Tagged:

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