28 de Septiembre – Víctor Jara

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Víctor Lidio Jara Martínez (1932-1973), conocido como Víctor Jara fue un músico, cantautor, profesor, escritor, y director de teatro chileno.

La figura de Víctor Jara es un referente internacional de la canción protesta, aunque él nunca se sintió del todo identificado con esa definición.

Fue uno de los más emblemáticos del movimiento músico-social llamado «Nueva canción chilena», y uno de los pilares en la música latinoamericana.

Tras el golpe de Estado que derrocó al gobierno de Salvador Allende el 11 de septiembre 1973, Jara fue detenido por las Fuerzas Armadas de la dictadura militar recién establecida, debido a su militancia en el Partido Comunista de Chile.

Fue torturado y asesinado en el antiguo Estadio Chile, que con el retorno de la democracia fue renombrado «Estadio Víctor Jara».

Después de cumplir el servicio militar, ingresó en el coro de la Universidad de Chile, participando en el montaje de Carmina burana, comenzando así su trabajo de investigación y recopilación folclórica. Con 24 años se unió a una compañía teatral, la Compañía de Mimos de Noisvander, e inició los estudios de actuación y dirección en la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile. A modo de anécdota, como no tenía dónde dormir, pernoctaba en inmediaciones de la escuela.

En 1957, ingresó en el conjunto folclórico Cuncumén y conoció a la cantautora Violeta Parra, quien lo animó a continuar su carrera musical.

Con 27 años, en 1959 dirigió su primera obra de teatro: Parecido a la felicidad, de Alejandro Sieveking, haciendo giras por varios países latinoamericanos. Como solista del grupo folclórico Cuncumen, grabó su primer disco, un sencillo que contenía dos villancicos chilenos. Al año siguiente, participó como asistente de dirección en el montaje de la obra teatral La viuda de Apablaza, de Germán Luco Cruchaga, cuyo director era Pedro de la Barra, y dirigió la obra La mandrágora, de Maquiavelo. En 1961, y como director artístico del grupo Cuncumén viajó por Países Bajos, Francia, Unión Soviética, Checoslovaquia, Polonia, Rumania y Bulgaria.

En 1961 compuso su primera canción, Paloma quiero contarte y continuó trabajando como asistente de dirección en el montaje de La madre de los conejos, de Alejandro Sieveking. Al año siguiente, en 1962, dirigiría para el Instituto de Teatro de la Universidad de Chile (ITUCH) la obra Ánimas de día claro, también de Sieveking.

Grabó con Cuncumén el LP Folclore chileno, con dos canciones propias: «Paloma quiero contarte» y «La canción del minero», en la época en que comenzó a desempeñar la función de director en la Academia de Folclore de la Casa de la Cultura de Ñuñoa, labor que desempeñaría hasta 1968. Desde esa época, y hasta 1970, formó parte del equipo estable de directores del ITUCH, además de trabajar, entre 1964 y 1967, como profesor de actuación en la universidad.

También llevó a cabo, bien como asistente de dirección o como director, varios montajes, entre ellos uno para el canal de televisión de la Universidad de Chile, realizando además una gira por Argentina, Uruguay y Paraguay con la citada Ánimas de día claro, de Sieveking. En 1963 fue asistente de dirección de Atahualpa del Cioppo en el montaje de El círculo de tiza caucasiano, de Bertolt Brecht, protagonizada por Marés González para el ITUCH.

Compaginó su actividad teatral con la composición musical, y en 1965 dirigió La remolienda, de Sieveking, así como el montaje de La maña, de Ann Jellicoe, por las que recibió el Laurel de Oro y el Premio de la Crítica del Círculo de Periodistas.

Ejerció como director artístico del grupo Quilapayún entre 1966 y 1969, y hasta 1970 actuó como solista en la Peña de los Parra. Sin abandonar el teatro, en 1966 grabó su primer LP como solista, Víctor Jara, editado por la empresa discográfica Arena. Con la filial chilena de Emi-Odeón grabó el año siguiente Canciones folclóricas de América, junto con Quilapayún.

En 1969, llevó a cabo el montaje de Antígona, de Sófocles, para la compañía de la Escuela de Teatro de la Universidad Católica. Con la canción «Plegaria a un labrador» ganó el primer premio en el primer festival de la Nueva Canción Chilena, y viajó a Helsinki para participar en un acto mundial en protesta por la guerra de Vietnam, además de Pongo en tus manos abiertas.

A este álbum pertenece el tema «Preguntas por Puerto Montt», inspirado en la masacre de Pampa Irigoin (Puerto Montt), en la que murieron once personas (incluido un niño) durante la represión policial del gobierno de Eduardo Frei Montalva.

En esa canción criticó duro al ministro de Interior Edmundo Pérez Zújovic, quien el 8 de junio de 1971 sería asesinado por el grupo extremista Vanguardia Organizada del Pueblo (VOP):

Usted debe responder, señor Pérez Zújovic, por qué al pueblo indefenso, contestaron con fusil. Señor Pérez, su conciencia la enterró en un ataúd y no limpiará sus manos toda la lluvia del sur.

En Berlín en 1970, participó en la Conversación Internacional de Teatro y en Buenos Aires en el I Congreso de Teatro Latinoamericano.

En esa época, participó en la campaña electoral de la Unidad Popular y presentó el álbum Canto libre.

Al asumir Salvador Allende como presidente de Chile, Jara fue nombrado embajador cultural, y en 1971 compuso la música, junto con Celso Garrido Lecca, para el ballet Los siete estados, de Patricio Bunster que se puso en el Ballet Nacional (Banch). Junto con Isabel Parra e Inti-Illimani, entró en el Departamento de Comunicaciones de la Universidad Técnica del Estado.

Con la discográfica Dicap, editó el disco El derecho de vivir en paz, que le valió el Laurel de Oro a la mejor composición del año.

Trabajó como compositor de música para continuidad en la Televisión Nacional de Chile de 1972 a 1973, e investigó y recopiló testimonios en Herminda de la Victoria, en los cuales basaría su disco La población. También viajó a la Unión Soviética y a Cuba, y dirigió el homenaje a Pablo Neruda por la obtención del Premio Nobel.

Los campesinos de Ránquil lo invitaron a la realización de una obra musical sobre el lugar, y dentro de su compromiso social, participó parte en los trabajos voluntarios para impedir la paralización del país causada por una huelga de camioneros.

Ese compromiso lo llevará en 1973 a diferentes actos a favor de los candidatos de la Unidad Popular durante la campaña electoral para las elecciones al parlamento y, respondiendo a un llamado de Neruda, colaboró como director y cantante en un ciclo de programas de televisión contra la guerra y el fascismo. Trabajó en simultáneo en la preparación de varios álbumes que no podría grabar, de los que alcanzó a realizar solo Canto por travesura.

Su última presentación lo dio en el canal de televisión peruano Panamericana Televisión el 17 de julio de 1973.

El golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, encabezado por una junta militar contra el presidente Salvador Allende, lo sorprendió en la Universidad Técnica del Estado, donde fue detenido junto a otros profesores y alumnos.

Lo llevaron al Estadio Chile, convertido en campo de concentración por los militares (actual Estadio Víctor Jara, lugar en el que hay una placa en su honor con su último poema),10​ donde permaneció cuatro días.

Lo torturaron durante horas (le realizaron quemaduras con cigarrillo, le rompieron los dedos, le cortaron la lengua y lo sometieron a simulacros de fusilamiento).

El 16 de septiembre lo acribillaron junto al director de la Empresa de los Ferrocarriles del Estado.

El cuerpo fue encontrado el día 19 por vecinos de la Población Santa Olga en las cercanías del Cementerio Metropolitano, con 44 impactos de bala,​ junto a los cuerpos de Littré Quiroga, director de Gendarmería, y Eduardo «Coco» Paredes, director de la Policía de Investigaciones.

Durante su internamiento en el Estadio Chile escribió su último poema y testimonio «Somos cinco mil», también conocido como «Estadio Chile».

En 1990, la Comisión de Verdad y Reconciliación determinó que Jara fue acribillado con 44 disparos el 16 de septiembre de 1973 en el Estadio Chile y que fue arrojado a unos matorrales en los alrededores del Cementerio Metropolitano (en su costado norte se extiende el parque Víctor Jara), a orillas de la carretera 5 Sur.

Luego fue llevado al depósito de cadáveres, donde le asignaron las siglas NN, y donde más tarde sería identificado por su esposa, la coreógrafa de origen británico Joan Turner.

Sus restos fueron enterrados en el Cementerio General. La viuda, años después, mencionaría que el diario chileno La Segunda, al día siguiente del entierro, publicó un párrafo que daba a entender que Jara había muerto sin violencia y que su sepelio había sido de carácter privado.

Como homenaje a su memoria, 30 años después del golpe militar, en septiembre de 2003, se puso su nombre al hasta entonces Estadio Chile.

El 29 de mayo de 2009, la Corte de Apelaciones de Santiago de Chile ratificó el encarcelamiento del exsoldado José Paredes Márquez, quien fue acusado del asesinato del cantante.

En el momento de la ejecución, Paredes Márquez era un recluta del ejército chileno que tenía 18 años.​

Paredes Márquez confesó la coautoría del asesinato, y confirmó que a Jara se le fracturaron las manos a culatazos en los interrogatorios.​

Declaró que cuando le tirotearon, Jara ya había fallecido, debido a un disparo en la cabeza efectuado por un oficial de ejército,​ por lo que el juez encargado del caso ordenó la exhumación de sus restos, con el fin de practicarle una segunda autopsia.

En junio de 2009 se exhumaron por orden judicial los restos mortales de Jara para la realización de un estudio que determinara las causas precisas de la muerte. En la exhumación participó el antropólogo forense español Francisco Etxeberria.​

El 27 de noviembre, la Fundación Víctor Jara hizo público el resultado del estudio.

Según el mismo, efectuado por el Servicio Médico Legal y ratificado por el Instituto Genético de Innsbruck, el artista murió a consecuencia de «múltiples fracturas por heridas de bala que provocaron un choque hemorrágico en un contexto de tipo homicida» y que fue golpeado y torturado durante su paso por el Estadio Chile, donde estuvo detenido.

El texto destaca que se encontraron más de 30 lesiones óseas producto de fracturas provocadas por heridas de proyectil y otras provocadas por objetos contundentes, diferentes a las heridas de bala.

Bajo la autoridad del juez Juan Eduardo Fuentes Belmar, en 2007 se realizó una investigación sobre el asesinato de Víctor Jara destinada a buscar responsabilidades.

Se acusó a José Paredes, autor confeso de algunos de los disparos (aunque después se retractó), y al coronel retirado Mario Manríquez, responsable del centro de detención, quedando fuera del procesamiento como responsable de la orden del asesinato, señalado por los familiares de Víctor Jara, así como por organizaciones defensoras de los derechos humanos. También fue señalado, por compañeros de cautiverio del músico, el excoronel Edwin Dimter Bianchi, conocido como El Príncipe.

A finales de 2012 el juez especial de la Corte de Apelaciones de Santiago, Miguel Vásquez, dictó resolución de enjuiciamiento contra los siete militares que en esa fecha estaban a cargo de los prisioneros confinados en el Estadio Chile.

Los encausados como autores del homicidio fueron Pedro Barrientos Núñez y Hugo Sánchez Marmonti y como cómplices Roberto Souper Onfray, Raúl Jofré González, Edwin Dimter Bianchi, Nelson Hasse Mazzei y Luis Bethke Wulf. Pedro Barrientos Núñez fijó en 1990 su residencia en Estados Unidos, por lo que el juez ordenó la captura internacional.

La descripción de los hechos que hace el auto judicial es la siguiente:

a) Que, el día 11 de septiembre de 1973, a raíz de la asunción del Gobierno Militar de facto, la entonces Universidad Técnica del Estado, fue sitiada por efectivos del regimiento Arica del Ejército de Chile, provenientes de la ciudad de La Serena.

b) Que dichas tropas procedieron, el día 12 de septiembre de 1973, previo disparos de proyectiles de diversa naturaleza, a ocupar sus dependencias y a la detención masiva de docentes, alumnos y personal administrativo que se encontraban en el establecimiento educacional; personas que luego fueron trasladadas en buses de locomoción colectiva hasta el entonces Estadio Chile (actual Estadio Víctor Jara), recinto que previamente había sido habilitado como centro de detención, con la coordinación del Comando de Apoyo Administrativo del Ejército de Chile y cuyo resguardo interior fue efectuado igualmente por efectivos provenientes de distintas unidades militares, entre ellos: el regimiento Tejas Verdes (de la ciudad de San Antonio), el regimiento Blindados n.º 2 (de Santiago), el regimiento Esmeralda (de la ciudad de Antofagasta) y el regimiento Maipo (de Valparaíso).

c) Que, entre los docentes aprehendidos, se encontraba el cantante popular y también investigador de dicha Universidad, Víctor Lidio Jara Martínez, quien ingresó al Estadio Chile junto con el referido grupo de detenidos, para posteriormente ser ubicado con estos en las graderías de dicho recinto deportivo.

d) Que, durante su detención, Víctor Jara Martínez fue reconocido por el personal militar instalado al interior del Estadio Chile, siendo separado del resto de los prisioneros, para ser llevado a otras dependencias ubicadas en los camarines, ocupadas como salas de interrogatorios y apremios, donde fuera agredido físicamente en forma permanente, por varios Oficiales.

e) Que, entre los días 13 y 16 de septiembre de 1973 se desarrollaron interrogatorios a detenidos al interior del Estado Chile, sin que ellos obedecieran a procedimientos judiciales y/o administrativos previos, algunos de los cuales fueron practicados por personal de la Segunda Fiscalía Militar de la época; y, entre otros, fue interrogado Víctor Lidio Jara Martínez.

f) Que, el día 16 de septiembre de 1973, se procedió al traslado de todos los detenidos del Estadio Chile, con excepción de Víctor Lidio Jara Martínez y de Littré Quiroga Carvajal, oportunidad en que se dio muerte a Víctor Lidio Jara Martínez, hecho que se produjo a consecuencia de, al menos, 44 impactos de bala, según se precisa en el respectivo informe de autopsia.

g) Que, el cadáver de Víctor Lidio Jara Martínez, junto con los cadáveres de otras tres personas más, fue encontrado por pobladores en los días posteriores, en las inmediaciones del Cementerio Metropolitano, en un terreno baldío cercano a la línea férrea, con signos evidentes de haber recibido golpes en el cuerpo y los impactos de bala detallados en el informe de autopsia.

El programa de televisión En la mira transmitió en mayo de 2012 un reportaje realizado por los periodistas Luis Narváez y Pedro Azócar: «¿Quién mató a Víctor Jara?»,​ el que pasó a formar parte del auto de procesamiento.​ En una entrevista de este documental, Barrientos negó los hechos, afirmando que él nunca había estado en el Estadio Chile, no lo conocía y «no sabía lo que era el cantante Jara».

La viuda, Joan Turner, y las dos hijas de la pareja, Manuela Bunster y Amanda Jara, interpusieron una demanda contra Barrientos, que fue presentada en 2013 por el Centro de Justicia y Responsabilidad (Center for Justice and Accountability), con sede en San Francisco (California).​ El juicio civil comenzó el 27 de junio de 2016; durante este, un tribunal federal de Orlando, (Florida), determinó que Barrientos, que había obtenido la ciudadanía estadounidense, era culpable de tortura y del asesinato extrajudicial de Víctor Jara, por lo que el jurado determinó que debería pagar una compensación por daños y perjuicios de 28 millones de dólares a la familia. A principios de julio de 2018 Chile reactivó la solicitud de extradición de Barrientos por el asesinato del cantautor y de Littré Quiroga, director de prisiones del gobierno de Allende.

El 3 de julio de 2018 la justicia chilena condenó a ocho de los militares: Hugo Sánchez, Raúl Jofré, Edwin Dimter, Nelson Haase, Ernesto Bethke, Juan Jara, Hernán Chacón y Patricio Vásquez; a penas de 15 años y un día en calidad de autores de los asesinatos de Victor Jara y Littré Quiroga. Además, como autores del delito de secuestro simple de ambas víctimas, fueron sentenciados a tres años de presidio. Por otro lado, el exoficial Rolando Melo fue sentenciado a 5 años y un día de prisión como encubridor de los homicidios, y 61 días como encubridor de los secuestros.

Una vez finalizados los estudios forenses en noviembre de 2009, se realizó un acto de homenaje, del 3 al 5 de diciembre, permaneciendo los restos mortales del artista en la sede de la Fundación Víctor Jara y recibieron sepultura en el Cementerio General de Santiago en una procesión fúnebre que congregó a más de 12 000 personas. A diferencia del entierro, casi clandestino, llevado a cabo en 1973, después de su asesinato, el sepelio del 5 de diciembre de 2009, 36 años después de su asesinato, fue abierto y público.

Los actos de homenaje y entierro, como señaló la entonces directora ejecutiva de la Fundación Víctor Jara, Gloria Konig, constituyeron una demanda de «verdad y justicia para el artista y para todos los detenidos, desaparecidos y ejecutados políticos de Chile».

El 19 de enero de 2020 la tumba de Jara fue vandalizada, se sospechó que los responsables eran extremistas de derecha.

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