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6 de Junio – Charlo

Carlos José Pérez (Guatraché, La Pampa; 7 de julio de 1905 – Buenos Aires; 30 de octubre de 1990), conocido popularmente como Charlo o Carlos José Pérez de la Riestra, fue un cantante, músico, pianista, actor y compositor argentino.

Durante una fiesta de fin de curso realizada en 1924 en el cine General Belgrano de la Av. Cabildo, tuvo la tarea de acompañar en piano a los diferentes cantantes de la gala, e incluso se animó fuera del programa, a cantar.

En dicha fiesta se encontraban presentes el Ingeniero Enrique Del Ponte y el Sr. De Bari, ambos dueños de Radio Cultura, quienes impresionados por su carisma y calidad de pianista decidieron invitarlo a participar en la emisora, que era la más escuchada en ese entonces, por los pocos poseedores de aparatos a galena.

Enrique del Ponte fue quien le sugirió el seudónimo artístico Charlo, derivado de Charles (Carlos), ya que los oyentes no podrían retener lo extenso de sus nombres y apellidos.

Al poco tiempo Charlo se convirtió en el cantor y pianista figura de Radio Cultura. «Y en un fin de curso, acá en Buenos Aires, se hizo una fiesta en el cine General Belgrano, donde toqué el piano y canté; estaban los dueños de Radio Cultura, un señor De Bari, que era diputado, y un señor Del Ponte.

Nos hicieron una invitación a mí y a otros de los muchachos que habían actuado, para visitar la radio.

Un día me picó la curiosidad y fui. Toqué el piano y canté. Empezaron a llamar por teléfono. El caso es que me vinieron a buscar para actuar y grabar. Ahí empezó mi carrera.» (Charlo, en el mismo reportaje).

Su elegante presencia junto a un registro de voz barítono, con tendencia a tenor en sus inicios, y su virtuosismo en la música le abrieron camino a una meteórica carrera artística.

En el año 1925 un vecino de San Cristóbal llamado Américo Fazzari, a la sazón de inspector municipal de teatros, lo conectó con el empresario Alberto J. Ballesteri, quien luego de escucharlo lo contrató como cantor, actor y compositor de uno de los cuadros de una revista musical en el teatro «Comedia» de la calle Carlos Pellegrini.

En esa revista estrenó su tango «Pinta brava» con letra de Mario Battistella y su fox-trot «»Pim…pum, rataplán»». «En el teatro Comedia, que ya no existe, sin saber que era una primera figura, lo fui, actuando como actor, cantor y autor.

Ahí estrené mis dos primeros temas como compositor”. ”El fox-trot era el único tema de la obra que se bisaba. Allí tuve mi primera frustración; yo anhelaba que se bisara el tango, pero lo que hacía furor era el fox. Lo escuchaba tanto que le tomé fastidio y lo castigué: nunca lo edité.» (Charlo, en el mismo reportaje).

En ese momento no actuaba ni en radio ni en teatro, pero grababa discos para el sello Electra. El señor Améndola, tío de Juan D´Arienzo, era el dueño de esa grabadora, donde quedaron registrados veinte temas, entre ellos cuatro con letra y música del propio Charlo, acompañado en guitarras por Vicente Spina y Miguel Correa.

En ese mismo año es contratado por RCA Victor, y en su primer disco dejó registrados dos tangos suyos: con letra de Celedonio Flores, «Costurerita», con letra de Francisco Brancatti, y «Pobre varón».

A partir de 1927, ya abandonada su carrera de abogado, debutó como galán cantor en las famosas revistas, género muy en boga por aquel entonces. Esas obras estaban escritas y dirigidas por tres grandes del teatro y del tango: Manuel Romero, Ivo Pelay y Luis Bayón Herrera.

Mientras se desarrollaba la temporada, fue a buscarlo el representante Miguel Bucino, quien le informó que Francisco Canaro quería grabar con él en el sello Disco Nacional Odeón, dado que Charlo se había desvinculado de la casa Víctor y ya había grabado para Odeón con la orquesta de Roberto Firpo, aunque esos discos nunca salieron a la venta.

La propuesta de Canaro, quien –según Charlo– fue a verlo para que reemplazara Roberto Díaz como estribillista de su orquesta, fue que le pagarían treinta pesos por cada estribillo cantado, y su nombre no figuraría en las etiquetas, tal como era costumbre hasta los primeros años de la década del ’40.

Recién cuando se reeditaron esas grabaciones en formatos distintos a los discos de 78 RPM, pudo rescatarse en algunos casos los nombres de los estribillistas.

Lo primero que grabó con Canaro fue el célebre vals «Ramona» y el tango «Lindo tipo de varón».

Charlo también realizó grabaciones con la orquesta de Francisco Lomuto, que era artista del mismo sello. Su producción discográfica llega a mil cien registros.

En su faceta como compositor a lo largo de su carrera, Charlo produjo un caudaloso repertorio de canciones que marcaron la década de 1930. Entre sus más importantes composiciones se pueden citar:

Horizonte, Ave de paso, Tormento, Sin lágrimas, Fueye, La barranca, Rondando tu esquina, Zorro plateao y Rencor.

Paralelamente, con la orquesta de Francisco Canaro, cantaba los versos de los temas presentados en los concursos que organizaba la Casa Max Glucksmann en el Gran Palace Theatre.

Algunos de los tangos cantados por Charlo fueron «Duelo criollo», de Lito Bayardo y Juan Razzano; «Piedad», de Carlos Percuocco y Luis De Biasse; «Te aconsejo que me olvides», de Pedro Maffia y Jorge Curi, y «Alma en pena», de Anselmo Aieta y Francisco García Jiménez.

El año 1926 fue de una intensa actividad, ensayaba diariamente durante cinco horas, y practicaba vocalización con su maestro de canto Enrico Castronuovo.

Además, grababa con Francisco Canaro, con Francisco Lomuto y como solista. Tres veces a la semana actuaba en radio, y en los fines de semana se presentaba en los principales cines de la Capital Federal y sus alrededores.

Contribuyó a establecer un estilo emocional pero austero, exento de efectismos, de perfecta afinación y cuidada musicalidad. Como compositor desplegó su gran talento de melodista, creando obras importantes en la línea del tango romanza.

Se inició con un estilo completamente gardeliano (escúchese, por ejemplo, su grabación de «Las vueltas de la vida», de 1928), del que fue desprendiéndose para llegar a un estilo propio.

Era además ejecutante de piano, acordeón, violín y guitarra, y compositor que a veces escribió también sus propias letras. «Muchas cosas tenía para escuchar, lógicamente a Gardel. Y era caer en una huella muy trillada (..)» (Charlo, en el mismo reportaje).[cita requerida]

Como aditamento a su figura como cantor, actor y compositor, su afinidad por la moda lo convirtieron en un paradigma de la moda masculina de la década de 1930: la moda Charlo marcó tendencia.

La misma incluía lucir moño mariposa, sombrero con guantes de cuero, chaqueta cazadora, boquilla de oro para los cigarrillos. Este fenómeno no sólo incrementó su fama, sino que contribuyó al avance del tango de salón en la sociedad porteña.

Gracias a la difusión de sus discos su voz se hizo muy popular en toda América, especialmente en los países limítrofes.

Esto le abrió las puertas al exterior, y supo aprovecharlo. En 1932 viajo por primera vez a Uruguay, contratado el empresario por la Casa «Max Gluscksmann» para inaugurar el cine «Rex» de Montevideo.

De allí en más Uruguay fue permanentemente visitada por Charlo, así como el Teatro Solís y la Radio Sarandí, quienes siempre lo tuvieron de invitado.

En 1935 viaja a Río de Janeiro para una actuación en el Casino donde compuso sobre los versos de Cadicamo su tango «Ave de paso».

También se presentó en la radio Marinki Veiga de Río de Janeiro. Su primera gira importante comenzó en 1938, actuando con suceso en Chile.

«Esta es tu oportunidad, vestite y cantá como sabés, y vas a ver que vas a matar», le había pronosticado su mánager José Razzano, y tuvo razón.

Actuó luego en Bolivia, Venezuela, Panamá, Cuba y Estados Unidos. Principalmente en La Habana, Caracas y en Lima su éxito fue tal que lo catapultó a la fama, consagrándolo como sucesor de Gardel.

En sucesivas giras siguió ampliando su éxito. En Brasil, como en los países anteriormente citados, entonó tangos, boleros y folklore. En 1955 se instala en Lisboa, Portugal.

Su espectáculo «Estampas de Hispanoamérica» tuvo gran suceso en la televisión local, en el Casino Estoril.

También actuó el Hotel Embajador y en la célebre boite de entonces Bico Dourado. Luego visitó España y de allí pasó a actuar en Francia y Bélgica, y, por último, en 1956, visitó Colombia, donde fue recibido con gran suceso no sólo el músico y cantor de tangos, sino un Charlo universal intérprete de ritmos melódicos y tropicales. En esa gira compuso unos de los últimos éxitos: su «»Tango en Colombia»».

En 1945 Charlo estuvo al borde de la muerte cuando el avión trimotor con el que había iniciado su gira debió hacer un aterrizaje forzoso. Junto a él se encontraban los tres guitarristas de su conjunto, Olmedo, Arana y Torres.

Todos ellos regresaban, luego de tres años de gira, a Argentina desde Acapulco, sin embargo, en la frontera entre Brasil y Venezuela el trimotor prácticamente quedó sin combustible; sólo tenían bencina para una hora de vuelo.

El piloto debió hacer un aterrizaje de emergencia en el Río Negro, un afluente del Amazonas. Se perdieron los equipajes, alhajas y guitarras, pero lograron salir con vida.

Charlo compuso música que versificaron los más importantes poetas de su tiempo, como Luis César Amadori, José González Castillo, José María Contursi, Esteban Celedonio Flores, Cátulo Castillo, Francisco Bohigas, Homero Manzi, Enrique Cadícamo, y algunos de la generación anterior como José Gonzalez Castillo, para el tema «El viejo vals».

Actuó, primeramente, en forma simultánea, con Francisco Canaro y con Francisco Lomuto, ya que los tres estaban contratados por el mismo sello grabador.

Habiendo cantado anteriormente con Roberto Firpo; posteriormente con Adolfo Carabelli, con Salvador Ruiz de Luna en España, con Héctor Stamponi, Roberto Pansera, Jaurés Lamarque Pons, Demare-Vardaro y la «Orquesta Típica Victor».

En 1939 hizo una gira acompañado por un trío compuesto por Osvaldo Pugliese, Federico Scorticati y Juan José Gallastegui, tocando, respectivamente el piano, el bandoneón y el violín.

También cantó acompañado por la orquesta de Osvaldo Requena, y tuvo además entre sus más calificados guitarristas a Rafael Yorio (apodado Rafael Iriarte), Ángel Iglesias, Héctor Besedas y Andrés Arrieta, ​ además de Edmundo Rivero, Roberto Grela y Vicente Spina como integrantes de su conjunto.

Entre sus últimas actuaciones se pueden destacar la realizada ante el público de Buenos Aires en 1973, con la orquesta de Osvaldo Requena.

Interpretó dieciséis obras suyas conocidas, y dos estrenos: «Tango de la ausencia» y «Diquero». Posteriormente, en julio de 1986, actuó invitado por la Secretaría de Cultura de la Nación, en el teatro San Martín para el ciclo Voces.

La gala tuvo como anfitrión al periodista y escritor Mariano Montes. En aquella actuación estrenó el tango orquestal «Cielo Pampa», uno de sus últimos tangos dedicado a su tierra de origen. Por otra parte, hasta pocos años de su fallecimiento Charlo actuó en café concerts acompañado por el maestro Virgilio Expósito.

La radio fue el medio en donde se inició en el mundo del espectáculo, más específicamente en Radio Cultura. Trabajó luego en Radio Belgrano, Radio Prieto, Radio Splendid, Radio El Mundo y Radio Nacional. Tal eran sus dotes para este medio masivo de comunicación que no sólo se desempeñó como cantor solista, sino que trabajó como locutor con sus propias interpretaciones y anunciando la hora oficial.

Es de destacar, también, su participación permanente en radios uruguayas como la vieja Radio Sarandí y en Brasil para Radio Piratininga de San Pablo.

Incursionó en un medio tan difícil como el cine, rodeado de primeras figuras y sin desentonar. Sus dotes de galán y sus condiciones físicas le permitieron hacerlo con holgura.

En 1935, con Mario Soffici, participa en El alma del bandoneón, donde luce sus cualidades de cantor. En 1936, ahora dirigido por Luis César Amadori y junto a Pepe Arias, la Negra Bozán y Alicia Vignoli, participa en el film Puerto Nuevo.

Trabajó también en Carnaval de antaño, dirigida por Manuel Romero. En el rodaje de este film, conoció a la que sería su mujer hasta 1969, Sabina Olmos. Los acompañaban además Florencio Parravicini, Sofía Bozán y Enrique Roldán.

Actuó también en Los troperos, Los muchachos se divierten, Un sueño y nada más y otras películas, en algunas de las cuales fue protagonista. Además, participó en varias filmaciones en España.

Charlo fue contemporáneo del más importante referente del tango: Carlos Gardel. En reportajes Charlo mencionó que evitaba escuchar las interpretaciones de Gardel, no por disgusto sino al contrario, para evitar caer en una imitación a Gardel, tan frecuente en aquella época.

Sin embargo, la relación entre ellos era cordial y amena; como testimonio de ello Carlos Gardel le dedicó a Charlo, antes de partir a su última gira con trágico final, uno de sus más célebres retratos de él fotografiado por José María Silva, de Montevideo, con la siguiente dedicación: “A mi colega inteligente y gran intérprete de las canciones de mi tierra y buen amigo Charlo, con gran simpatía Carlos Gardel”.

Esta fotografía, única en su referencia a otro cantante contemporáneo, fue la imagen elegida para ilustrar la tapa del long play “Éxitos de Gardel en la voz de Charlo”, editado en 1978. Además, en esa oportunidad Gardel le obsequió su sombrero personal y un reloj de pared.

También cosechó amistad con Edmundo Rivero: ambos se conocieron cuando Rivero ingreso como cuarto guitarrista de acompañamiento.

Fue Charlo quien lo ayudó, antes de que se decidiera a cantar. Con el tiempo el creador de «El viejo almacén» también le tendería una mano, con esa generosidad y bonhomía que siempre lo caracterizaron.

A pesar de los estilos opuestos, cantaron juntos más de una vez, especialmente temas folklóricos y milongas pampeanas. Ambos compartían la amistad de ese otro fenómeno llamado Homero Manzi.

En cuanto podía Charlo visitaba asiduamente Santiago del Estero, alojándose como huésped en la residencia de Homero Manzi. De aquella amistad surgió un tango con letra de Charlo dedicado a su amigo: «Barbeta» Otro importante cantor de tango que trabó amistad con Charlo fue Ignacio Corsini «el caballero cantor».

En un reportaje donde le preguntaron a Charlo quien era su cantor favorito, éste señaló a Corsini. Existe un retrato que Corsini le obsequio a Charlo en 1931 dedicándole las siguientes palabras: “A mi buen amigo Charlo muy afectuosamente Ignacio Corsini”.