15 de Mayo – Mike Oldfield

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Michael Gordon Oldfield (Reading, Reino Unido, 15 de mayo de 1953) es un músico, compositor, multiinstrumentista y productor británico. Ganador de un Grammy en 1975 a la Mejor Composición Instrumental por el álbum Tubular Bells publicado por Virgin Records en 1973.

El padre del músico, Raymond Oldfield, adquirió una guitarra cuando servía en la Real Fuerza Aérea británica en Egipto durante la Segunda Guerra Mundial. Mike recuerda cómo su padre «solía tocar la guitarra cada Nochebuena, cantando la única canción que sabía tocar, Danny Boy». Mike también atribuyó su temprano interés por la música al hecho de haber visto de niño al virtuoso guitarrista Bert Weedon: «Le vi en la tele cuando tenía siete años y enseguida convencí a mi padre para que me comprara mi primera guitarra. De hecho, creo que de no haber sido por Bert nunca hubiera llegado a ser lo principal en mi vida».

Los Oldfield se convirtieron en una familia enlazada a la música: el hermano mayor de Mike, Terry Oldfield, es un compositor de prestigio en el campo de la música para documentales televisivos, y tiene varios álbumes en el mercado; su hermana, Sally Oldfield, consiguió un gran éxito a principios de los 80 con el tema vocal «Mirrors».

A la edad de 10 años, Mike ya componía piezas instrumentales para guitarra acústica. La guitarra era para él más que un instrumento, era una vía de escape de una situación familiar que fue empeorando y apartándolo del mundo exterior durante mucho tiempo. A lo largo de esa década, la escena musical acústica había gozado de muy buena salud, debido al resurgimiento de la cultura folclórica británica que tuvo lugar en las décadas anteriores. Fue en uno de los muchos clubes dedicados a este movimiento donde el joven Mike empezó a darse cuenta de que su virtuosismo musical era del agrado del público.

Oldfield recuerda: «Tenía dos instrumentales de 15 minutos cada uno que tocaba en los clubes de folk, locales en los que iba repasando todos los estilos. Incluso desafinaba las cuerdas totalmente y las doblaba sobre el mástil y hacía todo tipo de cosas. En cuanto me daban vacaciones en la escuela, pasaba la semana entera practicando y tocando la guitarra». Probó también con la música eléctrica, tocando piezas instrumentales de The Shadows en un grupo amateur.

Cuando Mike cumplió 13 años, la familia Oldfield se trasladó a Romford, Essex. En 1967 dejó la escuela y junto con su hermana Sally formó The Sallyangie, un dúo folk-hippie de voz y guitarra. Firmaron por la compañía Transatlantic, que les editó el álbum Children of the Sun en 1968 y el sencillo «Two Ships» en 1969. Por esta época, el toque de guitarra de Mike fue fuertemente influido por el «folk barroco» popularizado por John Renbourn, líder de Pentangle y Bert Jansch. Después de un año, llegó el fin de Sallyangie.

Mike se aproximó en más profundidad a la música rock, formando otro grupo de corta vida llamado Barefoot, con su hermano Terry. Eso le condujo a trabajar como bajista en Kevin Ayers & The Whole World. Kevin Ayers había sido miembro fundador de Soft Machine, pero abandonó el grupo en 1968. Al año siguiente publicaron el álbum Joy of a Toy, que les llevó a hacer una gira en 1970.

Entre los miembros de The Whole World se encontraba David Bedford ocupándose de los teclados. Bedford, un compositor de formación clásica, entabló una buena amistad con Mike, ayudándole en la composición de una temprana versión del que sería su primer álbum en solitario. Estando de gira con The Whole World, Mike entró en contacto con Centipede, una enorme orquesta de jazz dirigida por Keith Tippett. La amplia gama de instrumentos de que disponían influyó a Mike en el carácter multinstrumentista que más tarde daría a sus propias composiciones.

Kevin Ayers & The Whole World grabaron dos álbumes, Shooting At The Moon y Whatevershebringswesing, antes de disolverse en agosto de 1971. Para entonces, Mike había pasado de ser bajista a ser el guitarrista principal de la banda, y sus magistrales solos ya le habían dado una notable reputación.

Entre 1971 y 1973, Mike comenzó a ordenar las ideas musicales que bullían en su cabeza. Usando una grabadora de cuatro pistas que le prestó Ayers, dos pistas en un sentido y las otras dos en el otro, descubrió que si cubría el cabezal de borrado con un trocito de cartón podía grabar en cuatro pistas. De esta forma podría empezar a grabar las ideas necesarias para realizar su gran proyecto: crear una sinfonía, similar a las composiciones de gran escala para orquesta con diferentes movimientos que se podían encontrar en muchas obras de música clásica, pero utilizando para ello instrumentos de toda índole, sobre todo pertenecientes al mundo del pop-rock. Se ha mencionado que la Quinta Sinfonía de Jean Sibelius le influyó profundamente por aquel entonces.

Con la grabadora prestada por Ayers se metió en el dormitorio de la casa que compartía con los otros miembros del grupo, y las ideas para su nuevo trabajo empezaron lentamente a tomar forma. Ya metido en faena, Mike se decidió a tocar todos los instrumentos él mismo, y pensó que no le sería difícil con su don natural para la música el poder dominar casi cualquier instrumento; desde el xilófono al piano de cola, la guitarra clásica, el órgano Farfisa, etcétera. Mientras aún trabajaba con Kevin Ayers, ayudaba también en las grabaciones que se hacían en los famosos estudios Abbey Road de Londres, donde tuvo la oportunidad de compartir algunas conversaciones con The Beatles. Pronto descubrió que el estudio tenía un almacén repleto de todo tipo de instrumentos, algunos de los cuales pertenecían al cuarteto de Liverpool, así que se las arreglaba para llegar más temprano y, mientras los demás usuarios del estudio llegaban, él experimentaba con esos instrumentos e incorporaba nuevos sonidos y texturas a su proyecto. Ensimismado en un trabajo que sabía iba a ser revolucionario, se propuso plasmar en él todas las profundas emociones que estaba experimentando como explorador de un campo musical virgen.[cita requerida] La obra que estaba componiendo sería, además, un trabajo que se convirtió el vehículo para descargar sus emociones más profundas, y con las que más le estaba costando vivir.

Después de crear una primera maqueta, empezó a recorrer todas las discográficas tratando de convencer a alguien para que apoyase su proyecto. Pero todas las respuestas que obtuvo de las discográficas fueron negativas. Todas adolecían en la falta de comercialidad de la obra de Oldfield y que, si en algún caso llegaba a editarse, nadie lo distribuiría. Tras haber compuesto la hipnótica introducción —la melodía más emblemática del disco que aparecería en El exorcista— siguió acordándose de aquello: ¡si tan solo pudiese grabarlo, editarlo y promocionarlo!

Un rayo de luz iluminó el futuro de Oldfield. Cuando Mike dejó la banda de Kevin Ayers definitivamente, para ganarse la vida trabajó ocasionalmente como guitarrista de sesión. Uno de esos trabajos lo llevó en la banda de acompañamiento de la producción londinense de Hair, el «musical de amor-rock tribal» por 5 £ la noche. También tocó por un tiempo el bajo en una banda comandada por el cantante de soul Arthur Lewis. El grupo iba a grabar a un estudio recientemente inaugurado en una mansión de Shipton-on-Cherwell, a 20 millas de Oxford. Los estudios de grabación The Manor fueron construidos por aquel entonces para Richard Branson por Tom Newman, asistido entre otros por Simon Heyworth. El equipo reunido en The Manor era de buenos amigos, y también estaban allí las novias de algunos de ellos, así como un cocinero, limpiadoras y jardineros. Como Mike comentó más tarde, «todos los problemas que surgían los tratábamos como si fuésemos una gran familia».

El magnífico ambiente que reinaba en el estudio y la actitud de Newman y Heyworth dieron a Mike la oportunidad de grabar una nueva maqueta basada en los mismos desarrollos instrumentales que ya manejaba desde hacía tiempo. A Heyworth y Newman les encantó y asombró el abanico de ideas de Oldfield, y emprendieron una campaña de persuasión a Branson para que editara aquello y les dejara el estudio durante algún tiempo para grabarlo. De entrada parecía que aquel no era el momento apropiado; el proyecto debía esperar un poco a la llegada de Simon Draper, empresario que se unió a Branson, poseedor de una cadena de tiendas de discos y ambos crearon una discográfica propia: Virgin Records. Draper tenía un amplio conocimiento musical, así que cuando escuchó las ideas de Mike, este las apoyó inmediatamente.

Mike continuó desarrollando y refinando sus ideas, a las que ahora podía dar un nombre: Tubular Bells aunque en principio se barajasen nombres como Breakfast in Bed (Desayuno en la cama), título sugerido por el propio Branson, y Opus One (Opus 1). Para cuando casi se le agotó la paciencia del joven Oldfield, Draper le ofreció una semana de tiempo de estudio en The Manor. Trasladaron una amplia selección de instrumentos al estudio y el músico hizo su labor a contrarreloj durante esa semana, tiempo en el que se grabó algo más de la primera parte del álbum. El resto emergió durante sesiones repartidas a lo largo de los siguientes meses. Desde el principio Mike ponía las facilidades que le daba la tecnología de la época al límite para hacer sus grabaciones; muy pronto empezó a usar 16 pistas. Como se iban añadiendo a la grabación más y más instrumentos, las sesiones también fueron una prueba para la inventiva de Newman y Heyworth, que mezclaron todo aquello lo mejor que les fue posible. El equipo de que disponía el estudio no estaba automatizado, y todo el trabajo fue hecho manualmente por Mike, ya que Simon Heyworth y Tom Newman ya usaban todos los dedos de que disponían en la mesa de mezclas; esto hacía más cercana la relación entre productores y artista con lo que pudo aprender muchas cosas de los dos productores.

Durante las sesiones, Mike tocó más de 20 instrumentos y se grabaron aproximadamente 2 000 cintas de prueba. La música fue interpretada casi al completo por él mismo, con la excepción de Vivian Stanshall que grabó las voces pertenecientes al «maestro de ceremonias», Jon Field que tocó la flauta, Steve Broughton y Mundy Ellis en las percusiones y en las voces, respectivamente; Newman y Heyworth recibieron el crédito como coproductores del álbum. Cuando terminaron las sesiones, Branson se llevó las cintas de Tubular Bells a la feria de la industria musical MIDEM de Cannes, en enero de 1973. Un ejecutivo de la compañía americana Mercury Records le dijo: «si le pones letra te lo compró por 20.000 dólares». Como nadie se mostraba interesado en respetar el concepto original, Branson y Draper decidieron editar el álbum ellos mismos en su nueva discográfica, Virgin Records.

Tubular Bells se lanzó el 25 de mayo de 1973. Surgió de un proceso de grabación y mezcla al que habría podido llamarse «arte en estado puro».[cita requerida] La recepción de la crítica y del público fue unánime, calificándolo de «obra maestra». Durante el concierto de presentación, al que Mike estuvo a punto de renunciar, hubo una gran ovación en el Queen Elizabeth Hall para sorpresa del artista, que esperaba una gran abucheo por las imperfecciones del concierto.

La prensa británica se quedó perpleja. El influyente disc-jockey de la BBC John Peel, escribió que aquel era «un disco que cubría genuinamente un nuevo e inexplorado territorio»,[cita requerida] con música que combinaba «lógica con sorpresa, sol con lluvia». El prestigioso semanario musical Melody Maker escribió sobre Tubular Bells que era «una extensa obra, casi clásica en su estructura y en la forma en cómo el tema está establecido y diestramente trabajado». Algunos entrevistadores incluso creían poder enumerar las influencias de Mike: «La textura de Tubular Bells recuerda bastante a Sibelius, Vaughan Williams, Michel Legrand y The Last Night of the Proms», escribió el productor televisivo Tony Palmer.

Tubular Bells siempre se recordará como un momento en la historia de la música rock que cautivó el corazón y la imaginación de mucha gente. Fue también un punto de partida desde el cual poder apreciar los muchos cambios y descubrimientos hechos por este creador que, a partir de los 19 años, fue creciendo en madurez. El álbum entró en las listas del Reino Unido en julio y pronto llegó al primer puesto. Posteriormente, se vendió de manera masiva por toda Europa y se editó en los Estados Unidos, aunque en aquel país todo sucedió de una forma más lenta. El empujón necesario para que las ventas del disco subieran como la espuma vino cuando el director de cine William Friedkin, animado por Richard Branson, decidió usar un extracto de 4 minutos en la película de terror El Exorcista. Mike no fue consultado respecto a la asociación de su obra con aquella película, y más tarde diría a los periodistas que aquello no le había gustado del todo. En el Reino Unido, se lanzó un sencillo de Tubular Bells con una versión remezclada del álbum en versión cuadrofónica, un sistema que necesitaba de cuatro altavoces para su pleno aprovechamiento. Para mostrar las maravillas de aquel novedoso sistema, el Tubular Bells Quad incluía una secuencia extra de un avión que parecía moverse alrededor del oyente, y que fue grabado después de The Sailor’s Hornpipe.

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