11 de Junio – Richard Strauss

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Richard Georg Strauss (Múnich; 11 de junio de 1864 – Garmisch-Partenkirchen; 8 de septiembre de 1949) fue un destacado compositor y director de orquesta alemán cuya larga trayectoria abarca desde el romanticismo tardío hasta la primera mitad del siglo XX.

Es conocido particularmente por sus óperas, poemas sinfónicos y Lieder. Strauss, junto con Gustav Mahler, representa el extraordinario florecimiento tardío del romanticismo germánico después de Richard Wagner, en el cual un desarrollo elaborado y complejo de la orquestación se une a un estilo armónico avanzado. La música de Strauss influyó profundamente en el desarrollo de la música del siglo XX.

Strauss nació el 11 de junio de 1864 en Múnich, en una familia de la alta sociedad de Baviera dedicada a la industria cervecera. Su padre, Franz Strauss, era intérprete solista de trompa en la Ópera de la Corte de Múnich. Parte de su familia eran músicos, por lo que recibió una excelente educación musical en su juventud. Empezó a estudiar piano a los cuatro años con su madre, y violín a los siete con su tío. Apenas con seis años de edad realizó su primera composición y desde ese momento no dejó de escribir hasta su muerte.

Durante su adolescencia Strauss asistió a ensayos con la Orquesta de la Corte de Múnich, recibiendo clases particulares de teoría musical y orquestación del director Wilhelm Friedrich Meyer. A los 17 años, estrenó su Sinfonía en re menor (1881), una obra de la que renegaría más tarde por considerarla inmadura. En 1882 ingresó en la Universidad de Múnich, donde estudió cursos de Estética, Filosofía e Historia del Arte. Un año después marchó a Berlín, donde obtuvo un puesto como director asistente de Hans von Bülow, que quedó muy fuertemente impresionado por la Serenata para instrumentos de viento, compuesta por Strauss a los 16 años. Strauss aprendió el arte de la dirección de orquesta observando a Bülow en los ensayos. Este estaba muy encariñado con el joven, y decidió que fuera su sucesor como director de la orquesta de Meiningen tras su dimisión en 1885.

En 1886 hizo un viaje por Italia, país por el que siempre sintió una gran fascinación.

El éxito de su poema sinfónico Don Juan en 1888 consagró a Strauss como uno de los compositores más importantes del momento, con gran prestigio a nivel internacional, y que habría de acompañarlo hasta su muerte.

En 1894 se casó con la soprano Pauline de Ahna. Pauline al parecer tuvo un carácter irascible y excéntrico, pero su matrimonio fue esencialmente feliz y tranquilo, y su mujer una gran fuente de inspiración para él. A lo largo de su vida, desde sus primeras canciones hasta las Cuatro últimas canciones de 1948, muchas de ellas compuestas para su mujer, Strauss muestra gran preferencia por la voz de soprano, y todas sus óperas contienen un importante papel de soprano. El matrimonio Strauss tuvo un hijo, Franz, en 1897, quien se casó con Alice von Grab. El matrimonio dio dos nietos al compositor, Richard y Christian. Strauss estuvo entrañablemente unido a su familia durante toda su vida.

En 1889 fue nombrado asistente del Festival de Bayreuth, así como director del Teatro de la Ópera de Weimar, dirigiendo con frecuencia obras de Wagner, Gluck y Mozart. En 1894 se estableció en la ópera de Múnich, y en 1897 fue contratado por el kaiser Guillermo II de Alemania como director de la Orquesta Real de Prusia, en Berlín.

Strauss conoció en esta época al compositor austriaco Gustav Mahler, con el que mantuvo amistad hasta la muerte de este en 1911, en una relación a veces problemática y no exenta de rivalidades, a pesar de la influencia mutua entre ambos compositores.

En 1903, Strauss fue nombrado doctor honoris causa por la Universidad de Heidelberg, ampliando cada vez más su reconocimiento a nivel mundial.

Aunque Strauss continuará componiendo poemas sinfónicos, una vez entrado el siglo XX su principal dedicación fue la ópera. El estreno de Salomé en 1905 constituyó un primer escándalo y situó a Strauss en el centro de la vanguardia musical del momento, lo que se acentuó aún más con su siguiente ópera, Electra (1909), en la que inició su colaboración con el dramaturgo Hugo von Hofmannsthal como libretista. Recibido en Francia como uno de los compositores más renovadores del momento y admirado por Claude Debussy, Strauss también se relacionó con los futuros integrantes de la Segunda Escuela de Viena, especialmente con Arnold Schönberg, a quien ayudó y apoyó profesionalmente en sus primeros años, y quien sentiría gratitud y admiración por él durante toda su vida. No obstante, Strauss se distanció de la nueva vanguardia musical rechazando el atonalismo. Su siguiente ópera, El caballero de la rosa (1911), muestra una vuelta hacia un estilo más clásico, que se acentuará después de la Primera Guerra Mundial.

El apartamiento de Strauss de las vanguardias más radicales del momento no perjudicó su reputación internacional, gracias a la cual viajó con frecuencia para interpretar sus propias obras, considerado frecuentemente como un «clásico viviente». En 1919 fue nombrado director de la Ópera Estatal de Viena, uno de los primeros teatros de ópera del mundo, cargo en el que contaba como predecesor a Mahler. En 1920 actuó por primera vez en Sudamérica; dos años después emprendió una gira por Estados Unidos, y posteriormente realizó giras con la Orquesta Filarmónica de Viena por Brasil y Argentina. En 1924 dimitió como director de la ópera vienesa, por diferencias con Franz Schalk.

En marzo de 1933 llegó al poder Adolf Hitler, cuando Strauss tenía 68 años. La relación de Strauss con el gobierno nazi ha sido objeto de innumerables comentarios, discusiones y estudios. Strauss fue nombrado en 1933 presidente de la Cámara de Música del III Reich, responsable entre otros actos de la prohibición de la música de compositores judíos. Strauss intentó evitar sin éxito desde su puesto la prohibición de la música de Mahler o de Debussy. Strauss había empezado a trabajar con el escritor judío Stefan Zweig en el libreto de su ópera La mujer silenciosa, razón por la cual empezó a ser objeto de presiones por parte del partido nazi y por Goebbels en particular. En 1935, escribió una carta a Zweig en la que le dice:

¿Cree usted que yo me conduzco en todos mis actos pensando que soy «alemán»? ¿Cree usted que Mozart era consciente de ser «ario» cuando componía? Solo conozco dos tipos de personas: las que tienen talento y las que no lo tienen.
Kennedy, 2006

Esta carta fue interceptada por la Gestapo y remitida a Hitler, provocando la dimisión de Strauss como presidente de la Cámara de Música del III Reich. A partir de entonces, Strauss manuvo una tensa relación con el partido, y fue sometido a una vigilancia más estrecha aún. No obstante, su Himno Olímpico fue interpretado en los Juegos Olímpicos de Berlín de 1936, bajo la dirección del propio compositor. Por otra parte, en 1938, cuando Alemania se estaba preparando para la guerra, compuso la ópera en un acto Friedenstag (El Día de la Paz), que contiene una crítica velada hacia el III Reich, a pesar de que Hitler asistió al estreno y Strauss continuaba apareciendo en actos oficiales junto a miembros del partido.

Durante el III Reich, la conducta contradictoria de Strauss, que se consideraba apolítico, parece que estuvo en gran parte motivada por el hecho de que su nuera Alice era de origen judío, por lo que el compositor intentó utilizar su influencia para protegerla a ella y a sus nietos (Strauss y Zweig, 1977, pp. 472-475). En 1942 la abuela de Alice fue internada en el campo de concentración de Theresienstadt, y Strauss viajó un día hasta el campo, diciendo en la puerta: «Mi nombre es Richard Strauss», con la intención de llevarse a la prisionera, consiguiendo solo que los guardias de la puerta lo echaran.

En 1942 la familia se trasladó a Viena, buscando la protección de un dirigente nazi local. No obstante, en 1944 la nuera y uno de los nietos del compositor fueron detenidos por la Gestapo durante dos noches, siendo liberados finalmente tras la intervención del compositor.

Strauss terminó en 1945 la composición de Metamorfosis, una obra para veintitrés solistas de cuerda. La inspiración que lo animó a componer esta obra, así como el título de la misma, viene de un poema muy introspectivo de Goethe, el cual Strauss consideró, en origen, idóneo para una obra coral.​ La partitura termina con una cita de la Marcha Fúnebre de la Sinfonía número 3 «Heroica» de Beethoven, acompañada por las palabras «In memoriam». Metamorphosen es considerada una de las obras maestras del repertorio de cuerda. Esta obra fue concebida y escrita durante los días más oscuros de la Segunda Guerra Mundial. Se especula que la pieza expresa el lamento de Strauss por, entre otras cosas, la destrucción de la cultura alemana, incluido el bombardeo de las mayores salas de ópera de la nación. Hacia el final de la guerra, Strauss escribió en su diario íntimo:

El período más terrible de la historia humana se ha terminado, el reinado de doce años de bestialidad, ignorancia y destrucción de la cultura por parte de los mayores criminales, durante el cual los dos mil años de la evolución cultural de Alemania llegaron a su fin.
Kennedy, 2006, p. 361

En abril de 1945, Strauss fue detenido por soldados estadounidenses en su casa de Garmisch. Mientras descendía la escalera, anunció al teniente Milton Weiss del Ejército de Estados Unidos: «Soy Richard Strauss, el compositor de El caballero de la rosa y Salomé». El teniente Weiss, que era también músico, asintió con la cabeza en señal de reconocimiento; en el césped del jardín fue colocada una marca para proteger al compositor. Strauss compuso su Concierto para oboe (1945) para el oboísta estadounidense John de Lancie, que estaba entre los soldados que ocuparon la zona.

Los terribles acontecimientos de la Segunda Guerra Mundial afectaron a Strauss, viejo y cansado. Sus últimas obras recuperan una intensidad emocional ausente en muchas obras anteriores,3​ incluyendo, entre otras, el Concierto para trompa número 2, Metamorfosis, el Concierto para oboe y sus magistrales e inquietantes Cuatro últimas canciones, compuestas poco antes de su muerte.

Richard Strauss murió a la edad de 85 años el 8 de septiembre de 1949 en Garmisch. Su mujer, Pauline, murió ocho meses después, a los 88 años. Durante su vida, Strauss fue considerado uno de los más grandes compositores de su época, y su música tuvo una profunda influencia en el desarrollo de la música del siglo XX. La crítica musical coincide en considerar los últimos trabajos de Strauss, que toman como modelo a «el divino Mozart al final de una vida llena de agradecimiento», como los mejores realizados por un compositor octogenario. Strauss declaró con una humildad rara en él: «Quizás no sea un compositor de primera categoría, pero sí un compositor de segunda categoría de primer nivel». El pianista canadiense Glenn Gould describió en 1962 a Strauss como «la figura musical más grande que ha vivido en este siglo» (Kennedy, 2006, p. 34). Su inmensa e importantísima aportación a los géneros de la ópera, la música sinfónica y la canción continúa hoy más vigente que nunca.

Varios musicólogos posmodernos coincidían hasta la década de 1980 en calificar a Strauss como un compositor conservador, de miras al pasado. Sin embargo, la revisión de nuevas investigaciones y análisis sobre el compositor y su obra han llevado reclamar su posición como compositor modernista,​ aun haciendo uso de la tonalidad y una exuberante orquestación.​ Strauss destaca por su novedosa y sutil forma de orquestar combinada con un estilo armónico avanzado. Cuando el director Mark Elder interpretó a Strauss por primera vez en una producción universitaria de Ariadne auf Naxos dijo: «Estaba anonadado, no tenía ni idea de que la música pudiera hacer lo que él hizo con armonía y melodía».

La música de Strauss tuvo una influencia considerable en los compositores del comienzo del siglo XX. Tras haber escuchado Also sprach Zarathustra en 1902, Béla Bartók dijo que la obra «contenía las semillas para una nueva vida». El peso de Strauss está claramente presente en los trabajos de este periodo de Bartók, incluyendo su primer cuarteto de cuerda, Kossuth, y El castillo de Barbazul. Karol Szymanowski también recibió fuertemente el influjo de Strauss, lo cual se refleja en obras suyas tales como su obertura de concierto y sus primera y segunda sinfonías,​ y su ópera Hagith, que tomó Salome como modelo. Strauss también tuvo influencia en compositores ingleses, desde Edward Elgar en su obertura de concierto In the South (Alassio) y otros trabajos, hasta Benjamin Britten en su forma de escritura operística. Muchos compositores contemporáneos admiten deber mucho a Strauss, como por ejemplo John Adams y John Corigliano.

Strauss siempre ha sido, y continúa siendo, un compositor popular entre el público de las salas de conciertos. De hecho, se encuentra en el primer lugar entre los cinco compositores con mayor número de obras grabadas.

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